La fiesta del Guatao
Por Leticia Guerra Quesada.
Cuando un baile termina a puñetazos es habitual escuchar el dicho “Aquello se acabó como la fiesta del Guatao”, los más curiosos se preguntan: ¿Qué pasó en aquella celebración que hizo celebre a este pequeño pueblo del municipio La Lisa, en nuestra capital?
Existían en la comarca varios ingenios para fabricar azúcar, entre ellos el Tahoro, Maurín, San Joaquín y San Antonio de Macastá. En esta época de alta concentración de esclavos en la zona se organizaba un festejo llamado "Tambor de Yuca”. Allí se improvisaban baladas, controversias, danzaban y bebían aguardiente.
Todo comenzó por cuestión de faldas. Refiere Samuel Feijoó en su libro Mitología Cubana, haber conocido a un asistente a ese baile quien le contó que una belleza del pueblo, llamada Fela Cuesta, había originado el fabuloso combate a puñetazos.
Al enfrentarse un participante del ingenio Maurín con otro del Tahoro, los que asistían hicieron causa común, según su batey. Así comenzó una riña tumultuaria donde hubo "40 taburetes rotos, 70 cabezas partidas y un buen número de brazos y piernas partidas lesionados". Los músicos fueron golpeados y tuvieron que escapar sin instrumentos.
De esta forma trágica terminó el baile que generó la expresión "Aquello se acabó como la fiesta del Guatao". El dicho fue de hacienda en hacienda; generación tras generación, hasta nuestros días, en que se aplica para significar cualquier celebración que termina mal. Feijoó le dedicó esta décima a la bronca del siglo:
Hubo en el Guatao la fiesta
más extraordinaria y rara
cuando allí asomó la cara
coqueta de Fela Cuesta.
Pronto comenzó una apuesta
sobre quien bailaba a Fela.
Aquello prendió candela
de volantes «jaquimazos».
Golpeaban rostros «piñazos»,
mordía a la espalda la espuela.
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