La muerte no acalló la carcajada del Jilguero
Me parece verlo, con su sonrisa amplia y sus ojos pícaros, guitarra en mano y el indispensable lacito en el cuello, siempre de buen humor. Así recuerdo al Jilguero de Cienfuegos en este día cuando su imagen alegre espanta las sombras de un aniversario más de su fallecimiento.
Y es que la muerte fallo en su empeño impertinente de acallar su sonora carcajada y lejos de eso la transformó en leyenda y realidad de la Música Campesina. Su rigor, talento y entrega apasionada a este género lo hacen referencia obligada a las jóvenes generaciones.
Inocente Iznaga González, bien armado de rimas y metáforas se alzó caballero defensor de las raíces populares, de las tradiciones y la identidad. Fiel exponente de nuestra cultura hoy es figura cimera de la historia musical cubana.
Nació en el pueblo de Arimao, en la provincia de Cienfuegos. Apenas si aprendió a leer y escribir, porque fue de los muchos niños campesinos que el hambre obligó a cambiar el pupitre por el surco del campo.
Cuentan los vecinos que la pobreza no pudo acallar su talento y desde muy chico cantaba guajiras, sones y guarachas en los guateques. Solo a este genio travieso se le ocurrió inventarse la “Tonada de la Risa”, con gracia irreverente interrumpía la canción con una carcajada.
En La Habana conoció a Justo Vega, El Caballero de la décima y al Indio Naborí, con quienes trabajó en el programa diario Patria Guajira de esta misma emisora, Radio Cadena Habana. Por esa época ellos le llamaron El Jilguero.
Me parece escuchar su carcajada melodiosa y sonora que le dio la vuelta al mundo cuando en los escenarios mas lejanos daba a conocer la música campesina de su isla amada.
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