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Arpegios

Mirelis descubrió su nuevo reflejo

Por Leticia Guerra

“¡Ya puedo ver!, siempre escuchaba estas tres palabras, pero con cada caso sentía una emoción nueva. Es indescriptible el sentimiento que provoca asistir al milagro de ver una persona que recupera la vista.”

Así evocó sus recuerdos de la Operación Milagro la joven bautense Mirelis Cruz Hernández, en un intercambio de vivencias que celebraron los trabajadores sociales de Bauta por el aniversario 10 de su creación.

Esta muchachita dulce y delicada atesora en su mente un año de lucha contra las tinieblas, de las que fueron liberados muchos hermanos latinoamericanos que se operaron en Cuba, gracias al programa del ALBA.

Ella misma experimentó el milagro de ver la vida de una manera más humana:

“Soy una mejor persona, me transformé de una niña mimada, un poco egocéntrica, en una mujer que se dio a los más débiles y desamparados. No fue el año más fácil, pero si el más valioso porque aprendí que es mucho mejor dar que recibir. Descubrí una fortaleza que no conocía en mí. Pasé muchas noches en vela a los pies de un paciente, les sostuve la mano, les infundí esperanzas.”

Mirelis, nacida al amparo de la justicia social de la Revolución cubana, conoció el abandono que sufrieron los pueblos latinoamericanos, cegados por años de neoliberalismo,  percibió su pobreza y divisó la nueva luz del alba. 

Entre los casos más difíciles recuerda a Mercedes Paraco, una anciana venezolana, siempre triste, con un temor excesivo a la operación. Al fin logró convencerla, argumentando las veces que asistió al milagro de estas cirugías con las técnicas más avanzadas.

Al quitarle las vendas la vio sonreír por primera vez, Mirelis descubrió su nuevo reflejo en los ojos recién estrenados de la viejecita, que acarició  el rostro imaginado y dijo con asombro: ¡Qué linda eres mi niña!

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