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Arpegios

Socialistas en las narices del Imperio

 

Por Leticia Guerra Quesada

Amanecía el 16 de abril de 1961, siete féretros causaban indignación y dolor a un pueblo enlutado que se agolpaba frente al rectorado de la Universidad de la Habana. Eran las victimas  de los bombardeos asesinos a los aeropuertos de Ciudad Libertad y San Antonio de los Baños.

Uno de aquellos jóvenes, a las puertas de la muerte, escribió con su propia sangre el nombre de Fidel; el artillero Eduardo García Delgado. Hombres de su calibre fueron escoltados hasta el cementerio por una multitud que les rindió tributo.

Esa misma tarde se erigió una tribuna en 23 y 12, en el Vedado. Fidel Castro Ruz, despidió el duelo frente a un pueblo que cambió el negro del luto por el verde del combate. El líder de la Revolución naciente desnudó las perversas entrañas del Gobierno de Estados Unidos:

“Arma mercenarios y les paga para que vengan a asesinar jóvenes de 16 y 17 años en ataque sorpresivo, artero y traicionero contra un país al que no le pueden perdonar su vergüenza y su dignidad. Eso es lo que no pueden perdonarnos, que estemos ahí, en sus narices, y que hayamos hecho una Revolución Socialista en las propias narices de los Estados Unidos.”

El pueblo, con sus armas en alto, respaldó la proclamación del carácter socialista de la Revolución cubana. En la despedida de duelo de los mártires de los bombardeos criminales del imperio, el 16 de abril de 1961, Cuba escogió el camino del socialismo. En esa misma fecha se conmemora cada año el día del miliciano.

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