La música, una brújula para volver a casa.
Luz en lo oscuro… este título sugerente nos instó a entrar en la sala 5 de conferencias del Palacio de Convenciones de La Habana, para escuchar las vivencias de los realizadores de este programa de Radio Rebelde donde se renueva cada día la lucha por el regreso a la patria de los héroes antiterroristas, presos ilegalmente en los Estados Unidos.
Escuchar la plática sencilla y certera de Fernando González nos pareció una oportunidad periodística nada despreciable. Encontramos allí familiares de los 5, entre ellos a Irma González, hija de René, quien nos contó la anécdota impactante de cómo conoció a Gerardo Hernández a la edad de 12 años.
El paso del tiempo y muchos horrores vividos no borraron la imagen del primer encuentro con un hombre que tenía un halo de alegría y una sonrisa plena que contrastaba y mucho con la hipocresía y la sonrisa a medias de los miembros de la mafia cubano americana de Miami, “amigos” de la familia y a quienes frecuentaban por razones obvias.
Una guitarra y un cancionero del célebre trovador de Cuba Silvio Rodríguez, cronista del proceso social de la Revolución cubana fueron los regalos de aquel personaje entonces incognito y misterioso del que no podía saber ni su mejor amiga y confidente la Chacalita.
Qué sensibilidad la de Gerardo que no se dejó deslumbrar por sofisticados juguetes, aparatos tecnológicos de última generación y tantas alternativas made in USA. El hombre jovial y diferente también le regaló unas caricaturas de la casita de los abuelos en La Habana, su perrito Dandy y lo más sorprendente, un barbudo que sin dudas era Fidel Castro. Lástima que las dibujó en la arena y el mar se las adueñó, cómplice del silencio que tenía que ser.
Aunque Irmita nunca aprendió a tocar el complicado instrumento de cuerdas, herencia de la cultura española, hija adoptiva de Cuba; la guitarra y las canciones de Silvio Rodríguez serían el ancla de la niña con su querida patria. Hoy, desde la perspectiva de mujer fraguada en la batalla de ideas reconoce el valor de la música como brújula para volver siempre a casa.
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