Aurelia la comadrona.
Por Leticia Guerra Quesada.
Llegaba a cualquier hora del día o la noche y en los rostros desesperados de la parturienta y su familia se dibujaba un semblante de alivio.
Aurelia la comadrona dedicó su vida a andar y desandar los caminos de Bauta, en La Habana, Cuba, en busca del más extraordinario milagro, el advenimiento de una nueva vida.
Subía a una carreta, un caballo o un mulo. Muchas veces bajo la lluvia, los truenos o el viento. Mantuvo su puerta abierta para los ricos y pobres sin distinciones, sin ningún interés material. Acudía al bohío más miserable del campo; hacía los partos alumbrándose con una chismosa humeante y no cobraba un centavo.
Hurgando en la Historia Local encontramos que Aurelia Rodríguez nació el 20 de Octubre del 1894, en el barrio “Los Mosquitos” en Mariel. Fue hija de esclavos libertos; tras la muerte temprana de su padre la familia llegó a Bauta terminada la “Guerra de Independencia” en el 1898.
En esta villa transcurrió su infancia, allí realizó estudios primarios. Muy jovencita se contrató como institutriz. Trabajaba también en el cosido de tabaco en época de zafra y durante la noche ayudaba a su madre en el lavado de ropas por paga.
Llegó el amor a la vida de Aurelia y se casó con Feliciano Cruz, paisano de Bauta, en 1916. Por esa época comenzó a atender a las parturientas del pueblo. Su gran sentido de la responsabilidad, para ella sagrado compromiso, la motivó cursar estudios de Comadrona en la Universidad de La Habana. Se graduó en 1924 después de grandes sacrificios.
Durante los próximos 17 años ejerció sola este oficio en Bauta. Llevaba un archivo donde registraba los partos con nombres, horas y detalles del acontecimiento.
En el pueblo o en las fincas más intrincadas cada niño que nacía era recibido por ella, la preferían antes que el médico más eminente. Dicen que sus predicciones eran sorprendentes pues daba la fecha de parto con la hora aproximada y casi nunca se equivocó.
Esta mujer extraordinaria encontró tiempo aún para llevar una vida social impactante. Fue miembro activa de la Iglesia Metodista, sus hermanos de fe la recuerdan siempre vestida de blanco, sencilla, compartiendo pureza con todos. Participó en la fundación del “Círculo de Instrucción y Recreo” para los negros. Desarrolló actividades políticas en la “Alianza Nacional Feminista de Cuba”. La vocación por la justicia la situó en la “Generación del 30” en la “Administración Municipal” de Bauta, en las filas del “Partido Revolucionario Cubano” (Partido “Auténtico”), donde llegó a ser “Concejal del Ayuntamiento”, por voto popular.
La partera que vivió para escuchar el primer llanto de la vida recibió en su muerte el tributo de lágrimas de miles de Bautenses que la despidieron con honores el 28 de Febrero del 1980, a los 85 años de edad.
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