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Benito el avaro.

Benito el avaro.

 

Por Leticia Guerra Quesada

Allí donde termina el malecón de la avenida primera, en Playa Baracoa, existe una piscina natural de agua de mar donde se bañan los chiquillos. Todos la conocen como la poceta de Benito Remedios, pero pocos saben la historia de este tristemente célebre personaje de Bauta.

Los más viejos del pueblo lo recuerdan como el político más corrupto, burro y tacaño que engendró la neocolonia. Cuentan que un día su auto se encangrejó en plena Carretera Central, y al no poder arrancarlo le cayó a tiros...

Benito Remedios Langaney nació en el año 1888 en Bauta, en la finca “Pallares”. No pudo asistir a la escuela pues desde muy temprano tuvo que ser carretero, cortador de caña, y hasta cultivador de piña. Por la década del 1910, le cambió la suerte a tal punto que se ganó el título del “Zar de la piña en Cuba”.

Este hijo de isleños administraba bien su dinero; como buen avaro que era. Así fue enriqueciéndose, y mucho más cuando descubrió que la política de entonces era una mina de dinero; no le importaba partidismo alguno, solo el que le aportara mejores dividendos; por el año 1926 se unió a Machado, y soltando plata logró llegar a la Cámara de Representantes.

Tal fue su alza económica que al término de la década del 20 mandó a construir un palacete en la Playa Baracoa, que fue saqueado, quemado y destruido por el pueblo cuando Machado fue derrocado.

Benito salió echando un pie para los Estados Unidos, llorando la pérdida de sus bienes, mal habidos. Desde allá olfateó con acierto que el Gobierno de Batista sería la época dorada para los políticos ladrones y regresó a Cuba. En el 1938 logró entrar a la Cámara de Representantes otra vez soltando dinero,  mientras seguía atesorando una fortuna que invertía en la compra de más y más tierras.

Este pillo  logró llegar al Capitolio en el 46, con el Partido “ABC”, sin rubor alguno, se pasó al Republicano cuando cambió el poder.  Cuentan que pidió la palabra en el Parlamento en una sola ocasión. Todos aguardaban su estreno como tribuno; se irguió en su escaño, carraspeó, miró hacia ambos lados, balbuceó frases ininteligibles, y se sentó. Uno de los políticos presentes en baja voz dijo: -“Benito pidió la palabra y la perdió…” Sin embargo era elocuente en la de compra y venta de votos, uno de sus negocios más lucrativos.

El hecho que lo llevó a la muerte fue un ridículo resumen de su vida. El 15 de Enero del  1952, le indicó a su chofer que parqueara en una “Zona Restringida”; un policía que le impuso una multa. Benito se encolerizó y sacó su pistola, pero el policía fue más rápido...

Este bautense fue dueño: del Central Azucarero “Río Cauto” en Oriente; de la Compañía Ganadera “Adelaida”,  de 126 fincas situadas a todo lo largo de la Isla; de la Empresa Piñera “La Cubanita”,  de varias Haciendas  en Las Villas y Camagüey, de colonias de caña de azúcar - que rendían unos 25 millones de arrobas por zafra...  Y lo mataron por querer evadir una multa de tránsito. 

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