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A pesar del bloqueo, María Virginia no perdió su fe.

Por Leticia Guerra Quesada.

María Virginia López es una  bautense que sufrió en su carne las garras inclementes del bloqueo genocida;  no olvida aquella mañana triste del 11 de julio del año 2007 cuando le notificaron que no podía recibir el tratamiento requerido para el tumor ginecológico que presentaba.

Ella, junto a 120 mujeres debían someterse a terapias alternativas, menos eficientes, debido a esta injusta política extraterritorial.

Cuba no pudo adquirir los recambios y las fuentes radioactivas para las máquinas de carga diferidas automáticas para el tratamiento de tumores ginecológicos, más conocidos como equipos de bronqui terapia. Estos fueron adquiridos en Canadá de la Empresa MSD Nordion; posteriormente la marca fue vendida a la firma norteamericana VARIAN. Con esta transacción Cuba quedó imposibilitada de usar varios equipos médicos.

El bloqueo dispone la persecución más feroz contra cualquier Empresa o Institución que establezca relaciones comerciales con Cuba. Como era de esperar la VARIAN se negó a vender los recambios y las fuentes radioactivas.

A pesar de su tristeza, María Virginia no perdió la fe. Poco tiempo después recibió la noticia que podía recibir su tratamiento. El gobierno cubano compró en Europa los equipos necesarios. Por caso como estos Cuba pierde en un año aproximadamente 75,7 millones de dólares. Equipos en perfecto estado deben ser desechados por falta de componentes fabricados en estados Unidos.

No obstante, por más que le moleste al gobierno norteamericano, ningún hijo de esta tierra queda sin atención médica gratuita.

Hoy María Virginia espera con fe una votación justa  de la Resolución Cubana en la Asamblea General de la ONU: “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el gobierno de los EE.UU contra Cuba”, porque nadie tiene derecho a bloquear nuestra esperanza.

 

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